Si eres millennial o simplemente tuviste la oportunidad de jugar Street Fighter en las maquinitas o en casa, si tenías una consola, entonces esta película es para ti.
Basada en Street Fighter II, la película comienza con una secuencia animada que nos lleva al pasado y nos da contexto sobre por qué Ryu y Ken Masters llevan siete años sin hablarse.
Tal como pudimos ver en el tráiler, la película retoma numerosos elementos fieles al videojuego. El casting es toda una joyita, mientras que los escenarios y la ambientación consiguen recrear ese universo que tantos jugadores recuerdan. La nostalgia está presente de principio a fin.
A lo largo del campeonato mundial, las historias de los personajes se entrelazan y dan paso a una serie de enfrentamientos que mantienen viva la esencia del videojuego. Las peleas funcionan, los efectos especiales no se sienten forzados y la película consigue equilibrar la acción con momentos de humor y situaciones contemporáneas.
Aunque, en lo personal, me habría gustado ver a Chun-Li en un escenario más directamente relacionado con el torneo, esto no impidió que disfrutara la película. Tiene algunos detalles que podrían haberse aprovechado mejor, pero, en conjunto, no me decepcionó.

Si nunca has visto nada relacionado con Street Fighter y vas al cine sin conocer el videojuego, puede que la película no termine de convencerte del todo. Sin embargo, si alguna vez jugaste alguno de sus títulos o has tenido algún tipo de acercamiento a esta franquicia, creo que estamos ante una de las mejores adaptaciones que he visto de esta saga.
La película tiene risas, acción, situaciones contemporáneas y esa eterna lucha entre el bien y el mal. Pero, por encima de todo, aborda uno de los temas que siempre han movido a sus personajes: la lucha por el poder.
¡No olvides quedarte hasta el final de los créditos! Hay una escena poscréditos que vale la pena esperar.
Por nuestra parte, estaremos al pendiente de lo que venga para esta franquicia.
